Como parte del Taller 1 de la asignatura Aprendizaje y Enseñanza de la Cultura Física, Estética y Expresión Corporal, los estudiantes de la Carrera de Educación Básica del ITSQMET participaron en una clase práctica innovadora dirigida por la MSc. María José Merino Loor. Durante la jornada, la actividad central fue una yincana titulada “relevo de cangrejos”. La dinámica se desarrolló en el aula del instituto y tuvo como propósito demostrar que el juego, además de entretener, puede convertirse en una herramienta efectiva para fomentar la coordinación, el esfuerzo físico y el trabajo en equipo.
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ToggleLa yincana que convirtió el reto en una experiencia
Al inicio, asumir el rol de guía parecía tan desafiante como cruzar un río en equilibrio. Sin embargo, esa mezcla de nervios y emoción se transformó rápidamente en el motor que impulsó la actividad. Así, lo que comenzó como un reto personal terminó convirtiéndose en una de las experiencias más valiosas del ciclo académico.
La yincana denominada “relevo de cangrejos” consistía en que los compañeros se desplazaran hacia atrás, apoyándose con manos y pies en el suelo, imitando a estos peculiares animales. Aunque a primera vista podía parecer un simple juego infantil, en realidad se trataba de una estrategia pedagógica diseñada para trabajar la coordinación, la resistencia física y la colaboración. De esta manera, se escondía una lección profunda detrás de cada sonrisa, demostrando que es posible enseñar sin que el aprendizaje se perciba como una obligación.
Fortaleciendo el trabajo en equipo con la yincana
Lo más sorprendente fue la participación activa de todos los integrantes del grupo. A menudo se piensa que el rol del guía puede crear distancia con los demás, pero en esta ocasión ocurrió lo contrario: el apoyo fue constante desde el primer momento. De hecho, los compañeros escucharon con atención, respetaron las indicaciones y se integraron por completo a la actividad. Como resultado, la energía se volvió contagiosa y permitió que lo lúdico y lo educativo se mezclaran de forma natural.
A lo largo de la clase surgieron varias reflexiones. Por ejemplo, quedó claro que planificar no significa únicamente organizar pasos, sino también anticiparse a lo inesperado. Asimismo, dirigir no implica imponer, sino acompañar. En definitiva, una dinámica tan sencilla como caminar como cangrejo puede enseñar tanto como un libro, siempre que se utilice con intención pedagógica. De esta experiencia se evidenció que entre el juego y el aprendizaje formal es posible encontrar un equilibrio perfecto.
Conclusión
Finalmente, la clase no solo cumplió con el objetivo académico, sino que también dejó una huella personal. La experiencia demostró que se puede enseñar desde el movimiento, la risa y el juego, sin perder la profundidad del aprendizaje. Al terminar, quedó la certeza de que entre avanzar como cangrejos y guiar como docente, también se crece como futuro profesional de la educación.